viernes, 1 de agosto de 2014

DESPERTANDO CON LA PACHAMAMA

Recuerdo estar con el abuelo y la abuela el año 79 en Viloco, en lo más alto de la montaña, aquella montaña conocida en el lugar como la del gorila dormido. La nieve cubría con su manto blanco el espacio en el que estábamos, el Abuelo Viento (Wayra Tata) nos acompañaba también y un océano de nubes que podíamos ver hacia abajo.

Despertando con la PachamamaMis abuelos preparaban la ofrenda que íbamos a dar a la Pachamama; mientras la abuela acomodaba las flores, la coa, las semillas y los frutos que contenía la ofrenda, el abuelo realizaba la ch’alla a los cuatro espacios.

El blanco de la nieve resaltaba más junto al colorido de las flores de la ofrenda y cuando vino a acompañarnos el Abuelo Fuego (Nina Tata), el brillo del Padre Sol y el dorado y azul del fuego hacían brillar mucho más la nieve.

Mis abuelos llamaban a los “achachilas”, a las “awichas” y a todas las fuerzas, para despertar a la Pachamama, para despertar a sus hijos que estaban dormidos, que estaban perdidos; en ese entonces muy pocos hablaban de identidad o de nuestra cultura, peor aún, ya no se quería enseñar a los hijos ni el idioma, para que no fueran discriminados.

Recuerdo también unos años después, el año 1990, esta vez en el altiplano, el Abuelo Viento que nos abrazaba, el verde de la t’ola, la arena que nos calentaba después de ser calentada por el Padre Sol, las llamas caminaban altivas; blancas, negras con blanco, grises y las vicuñas con sus mantos de color café.

Nos encontrábamos en Santiago de Machaca, en el ayllu Kuntur Amaya, pero esta vez nos acompañaba toda la familia, aunque sólo estaban los padres, los abuelos, no habían jóvenes, porque los hijos se habían ido, habían migrado a las ciudades, buscando “vivir mejor”.

Recuerdo los ponchos de color wayruru de mis tíos y mi abuelo, las polleras multicolores y las mantas de color vicuña de mi abuela y de mis tías, la alegría de la abuela que cantaba, el aroma del incienso que se fundía con el de la t’ola.

Nuestros abuelos han construido esta cultura junto a la Pachamama incansablemente, jamás la olvidaron y se preocuparon en todo momento de seguir llamando a los hijos y a los hermanos para que vuelvan.

En este mes de agosto del 2013 del calendario gregoriano, 5521 del calendario oficial andino, durante todo el mes se están haciendo ofrendas también a la Pachamama en muchos lugares de Bolivia, pero además en Argentina, en Perú, en Chile, en Colombia, Centroamérica.

Y cuando decimos “Pachamama” en India o en China, es una palabra que ya se conoce y reconoce y más que sólo un concepto es un paradigma distinto, una conciencia, una esperanza en la que están despertando pueblos y naciones de todo el mundo.

Hoy las palabras del abuelo cobran vigencia porque la Pachamama está despertando no sólo en este mes, sino en este nuevo tiempo y junto con ella sus hijos estamos despertando y acompañando este cambio de época, este pachakuti que hemos estado esperando, para ver sembrarse las semillas de ese nuevo sol que vivirán nuestros hijos y nietos; un tiempo en el que seremos muchos haciendo ceremonias y entonces sabremos que el respeto y la gratitud a la vida, a la pacha, estarán presentes nuevamente.


Fernando Huanacuni Mamani. Aymara, miembro de la Comunidad Sariri.

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